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LA PIZZA

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Tradición Napolitana
El Plato Global
por Brunella SCHISA

Del Vesubio a Nepal: Hay quienes la hacen con negro sepia y quienes con serpiente asada. Historia, cultura y futuro de la receta italiana más imitada en el mundo; que deleita a todos y supera, también entre los jóvenes, hasta a la hamburguesa.

Hay quienes la prefieren con roquefort y ananás, quienes con cebollas, panceta ahumada o mariscos, quienes con brócoli, ajíes picantes y trozos de serpiente asada. Una vez hecha la masa de harina con levadura, en nombre de la pizza, se puede cometer cualquier infamia. Pero si la guarnición y los sabores cambian según la latitud y el continente, el negocio crece de manera sostenida. No es una novedad, ya en los años '50 las pizzas, como los papeles de la bolsa, siguen las fluctuaciones del mercado. Si la "romana" con anchoas bajaba de precio, significaba que la pesca había sido buena. Si el aceite de oliva aumentaba, significaba que la cosecha de aceitunas no había sido generosa. En estos últimos decenios la pizza napolitana, inventada en 1733 por el cocinero Vincenzo Corrado, que fue el primero en tener el coraje de hornear tomates en salsa, atravesó cadenas montañosas, océanos, desiertos, llegando hasta el perdido valle del Kaly Gandaly, en Nepal, a más de 3.500 metros, donde sobre el techo de una campana de barro, aislado del gélido viento, pende una leyenda escrita a mano con una única palabra: "PIZZA". Imposible saber si el pizzero haya nacido al pie del Vesubio, pero es altamente probable.

"Fuera de su ambiente parece una nota desafinada y representa una indigestión", escribía a fines del '800 la protectora del alma partenopea Matilde Serao, a propósito de un pizzero napolitano que se iba a la capital para intentar fortuna. Y, en cambio, el vientre de Nápoles generó millones de artesanos creadores de la Margherita (Margarita) que se radicaron por todo el mundo, e hicieron fortuna.

De esto algo sabe Totonno con su pizzería en Coney Island, que abre cuando le parece, mientras tanto tiene una fila vip esperando; o bien, Salvatore que creó en el rascacielos Met Life de Park Avenue una Nápoles del futuro, con tres hornos que llamó: Vesubio, Etna y Estrómboli, como para no renegar de sus raíces.

Según el periódico "Usa Today" a los 25mil McDonald's diseminados por los cuatro puntos cardinales del planeta, se contrapone un número equivalente de pizzerías. Pero hay más; según una encuesta realizada por el periódico entre 12mil jóvenes americanos, de 6 a 14 años, resultó que el 23% ubica a la pizza en el primer puesto de las preferencias, el 12% a los tallarines, el 8% al pollo frito y el 7% al bistec. ¿Y la hamburguesa? Sólo el 6%. En suma, la pizza está muy arraigada en el paladar de los americanos que muchos encendidos chauvinistas están convencidos que se trata de un plato de rayos y centellas.

Mientras en el templo del "cheeseburger" están corriendo a los refugios. El McDonald's de Aosta inició un experimento de marketing, junto a la Coca Cola, las papas fritas y al "Happy Meal", incluyendo en su menú "Pizza mía". "Si el experimento funciona", nos dice un vocero de McDonald's Italia, "el plato podría entrar en otros 243 restaurantes italianos de la cadena".

"El éxito mundial de la pizza depende de dos factores", comenta Antonio Conte, presidente de la Academia Italiana de la Pizza. "Por una parte el valor nutritivo del plato, reconocido también por la Academia Italiana de Cocina, que considera a la pizza un alimento completo y, por lo tanto, un plato único, incluso por su precio, aún imbatible respecto a cualquier otra comida". Digamos también que la pizza dio de comer a generaciones hambrientas de la posguerra. En Nápoles, por ejemplo, una porción de pizza no se le negaba a nadie. Algunos daban crédito hasta el día del sorteo de la lotería, con la esperanza de que quien en el barrio acertaba el número pagaba la pizza de todos. Quienes no confiaban en la diosa fortuna, adoptaban la fórmula "Oggi a otto" (Hoy a ocho), es decir, como hoy y pago dentro de una semana.

Otros tiempos. Desaparecidos los vendedores ambulantes y también las inquietantes pizzeras de la calle como Sophia Loren, aparecieron las pizzas congeladas o para hacer en el microondas y las pizzas entregadas directamente a domicilio. Basta dar una ojeada a las cifras, no sólo italianas, para entender que el oro de Nápoles es justamente aquella masa de harina, agua y levadura de cerveza, que atravesó fronteras y culturas. Poco importa si en el Japón le ponen patatas y mayonesa y el tomate es sustituido con el negro sepia: La euforia en torno a la pizza está totalmente justificada.

En nuestro país, Italia, según la "Fipe" (Federación italiana de estadísticas públicas), se consumen cerca de tres mil millones por año, y el negocio de las 20mil pizzerías censadas, oscila los 4.300.000 millones de liras. La cifra excluye el 27% de nuestros compatriotas que, en cambio, prefieren consumirla en sus casas. En suma Margherita y Marinara no le temen la merma que, según el "Istat" en una consulta a las familias italianas, prefiere el pan y las pastas. De esta manera van contra la tendencia.

Si Italia y Nápoles ríen, Europa no llora. En Francia el mercado de la entrega de pizzas a domicilio crece a un ritmo del 19% por año. Sólo en 1998, fueron entregadas en las casas francesas más de 20 millones. En España, la cadena "Telepizza" anunció recientemente que se lanzaría a la distribución vía Internet.

Pero el testimonio más prestigioso se lo ha adjudicado hace algunos años "Pizza Hut", el coloso americano, poniendo en el campo a Michail Gorbachov. Un instructivo ejemplo de auto ironía eslava con una ecuación ganadora entre la pizza y la libertad. ¿Cómo fue? El padre de la "Perestroika" entró en una pizzería de Moscú, junto a su pequeña nieta Anastasia, y se sentó en una mesa. Los concurrentes lo reconocieron y comenzaron a insultarlo. "Es él, el que ha destruido nuestro País", le señala un cliente, "He aquí al responsable de nuestros problemas", le hace eco otro. Hasta que un hombre se levanta y grita: "¡Basta ya! ¡Si no fuese por él ahora no seríamos libres para comer esta pizza!". Los cuentos políticos se derraman junto con los tomates y la mozzarella.

Brunella Schisa                          

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